Siempre que llega un nuevo año me hago el propósito de cumplir absolutamente todos los requisitos para que salga todo bien:
Meto la alianza de oro en la copa de cava (que me la pongo solo ese día con esa única intención y no me la he tragado algún año de casualidad).
Me pongo la ropa interior roja, que con la talla que uso, parece que llevo el tanga de una de las hipopótamas del Zoo. ¡Y no veáis lo que cuesta conseguir ropa interior roja tan grande! Si tuviera que ser blanca, dejaría sin velas al “Juan Sebastián Elcano”…
Empiezo el año con el pie derecho, que alguna vez casi me esmoño con eso de tener que hacer equilibrios con las uvas en una mano, la copa de cava en la otra y el tacón de aguja…
Me como todas las uvas, además como manda la tradición: con sus pepitas y su piel, que a todo el mundo se las pelo y le quito los pipos, pero yo no. Yo, como una campeona, enteritas, como esta “mandao”.
Y lo consigo ¿eh? Después de varios pares de tacones de zapatos derechos destrozados, y de estar hasta las 3 de la mañana masticando pepitas de uva y sin poder hablar, con el anillo churretoso de cava en el dedo que se me queda todo “pegao”, y mi ropa interior roja que me sienta como a un santo dos pistolas… pero lo consigo.
Así que este año que empieza, repetiré la operación “Año Nuevo”, digna de una película de James Bond, con intención de que lo que voy a pedirle al nuevo año esta vez se cumpla. Y os estaréis preguntando… ¿qué es lo que va a pedir, que sea digno de tal manifestación circense? Fácil…
Amor para aquellos que lo necesitan. Para aquellos que tienen que pasar el resto del año sin un techo, sin comida y sin una mano amiga que les ayude en sus momentos más bajos, sin un hombro en el que llorar sus penas.
Solidaridad con las personas de los países mas desfavorecidos, con los niños que pasan hambre, que no tienen ropa, ni juguetes, que ni siquiera saben quien es Papa Noel o los Reyes Magos, y que para ellos un cuenco de arroz es maná caído del cielo.
Libertad para los oprimidos por gobiernos dictatoriales. Para las mujeres maltratadas. Para aquellas que viven bajo regimenes vejatorios. Para las personas que no pueden dar su opinión porque corren el riesgo de perder la vida por su causa.
Alegría para todos los que me rodean. Que rían. Que disfruten. Que canten. Que bailen. Que hablen. Que jueguen. Que vivan. Que sean capaces de encontrar lo bueno en todo lo que les depare este año.
Y ya que nos ponemos… bueno… pues le tengo el ojo echado a un bombero de aquí cerquita, que digo yo que… ya que empieza el nuevo año, y ya se sabe, como dice el refrán, “año nuevo, vida nueva”… pues no me vendría nada mal.